Un amanecer huérfano con manos indigentes que se agotan de acariciar.El espejo me susurra cómo soy, desnuda soy así.
O es que el amor me hace bella y vulnerable como él —cuando bebe—, y yo sigo despierta tomando apuntes, gerundios desechables que naufragan en almohadas transpiradas.
La sal quedara en su celular y en mis sábanas. Podría quitarme los ojos de las cuencas y no verlo nunca más, podría escarbar su cráneo e inyectarle una imagen mía que recuerde, que pueda mantener aún cuando me olvide.



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